Cuando la imagen no coincide con la persona
Hay una experiencia que muchas personas describen en consulta de una forma casi idéntica: al principio de la relación, la pareja les parecía perfecta. "Nunca había conocido a nadie así." "Era todo lo que siempre había buscado." Y después, a veces de manera progresiva y otras de forma bastante abrupta, esa persona pasó a ser alguien que les generaba malestar, desconfianza o decepción profunda.
No hablamos de relaciones en las que hubo engaño o cambios reales de comportamiento. Hablamos de relaciones en las que la percepción del otro oscila entre el cielo y el suelo sin que haya una causa objetiva clara.
Esto es lo que en psicología se conoce como el ciclo de idealización y devaluación. Y tiene una explicación psicoanalítica muy concreta que vale la pena entender.
¿Qué es idealizar a una persona?
Idealizar no es lo mismo que querer mucho a alguien. Tampoco es exactamente lo mismo que la ilusión inicial del enamoramiento.
Idealizar es atribuir a otra persona una perfección que no tiene. Es relacionarse no con quien esa persona es, sino con la imagen mental que hemos construido sobre ella: sin defectos significativos, sin contradicciones, capaz de satisfacer todas nuestras necesidades afectivas.
El problema de la idealización no es la ilusión en sí misma — cierta idealización inicial es normal y universal en el enamoramiento. El problema es cuando esa imagen se convierte en el fundamento de la relación: cuando solo podemos estar bien si la otra persona encaja con la imagen, y cuando cualquier señal de que no encaja genera una respuesta desproporcionada.
El mecanismo psicoanalítico detrás: la escisión
Desde el psicoanálisis, el mecanismo que explica esto se llama escisión (splitting). Es un concepto desarrollado fundamentalmente por Melanie Klein, aunque posteriormente elaborado por otros autores como Otto Kernberg.
La escisión es la tendencia de nuestra mente a dividir la realidad en categorías extremas: todo bueno o todo malo, blanco o negro, sin matices. Este mecanismo no es patológico en sí mismo: todos lo usamos en fases tempranas del desarrollo. Un bebé que experimenta a su cuidador como "bueno" cuando está presente y satisface sus necesidades, y como "malo" cuando desaparece o frustra, está usando escisión de manera completamente normal para su momento evolutivo.
El problema surge cuando este mecanismo persiste de forma dominante en la vida adulta, especialmente en las relaciones afectivas. En ese caso, la persona no ha podido desarrollar lo que Klein llamaba la posición depresiva: la capacidad de integrar en un mismo objeto — en una misma persona — tanto los aspectos positivos como los negativos. La capacidad de sostener que alguien puede ser bueno y malo al mismo tiempo.
La diferencia clave
Escisión activa: Mi pareja es maravillosa o es terrible. No hay punto medio.
Integración (posición depresiva): Mi pareja tiene cosas que me gustan y cosas que me frustran. Las dos son reales al mismo tiempo.
Cuando la escisión domina las relaciones adultas, la otra persona oscila entre ser idealizada (todo bueno) y devaluada (todo malo). No hay punto medio estable.
El papel del Ello y la necesidad de completitud
Freud describía el Ello como la instancia psíquica más primitiva, gobernada por el principio del placer: quiere satisfacción inmediata, no tolera la frustración, busca la completitud absoluta.
Cuando hay dependencia emocional de fondo, el Ello tiene una necesidad muy específica: encontrar en el otro la completitud que no se tiene en uno mismo. No una pareja complementaria, sino alguien que llene el vacío. Alguien que, en el imaginario inconsciente, pueda darlo todo.
Para que eso sea posible psíquicamente, la persona necesita que su pareja sea perfecta. Porque si tiene defectos reales y significativos, no puede cumplir esa función. De ahí la tendencia a idealizar: es la manera en que el Ello se protege de la posibilidad de no ser completamente amado y sostenido.
Y de ahí también la violencia de la devaluación cuando la realidad se impone: si esa persona era el todo, la decepción de que sea solo un ser humano puede sentirse como una pérdida total.
El ciclo y sus consecuencias
El ciclo de idealización y devaluación suele seguir una estructura bastante reconocible:
- Idealización inicial. La persona percibe a su pareja como excepcional, perfecta, capaz de satisfacer todas sus necesidades.
- Primera decepción. La pareja real, inevitablemente, no encaja con la imagen. Llega tarde, no dice lo esperado, tiene un mal día, establece un límite.
- Devaluación. La respuesta no es "ha fallado en algo concreto". La respuesta es un colapso de la imagen: de perfecta a terrible. Aparece la rabia, el alejamiento, la sensación de haber sido engañado.
- Culpa y reparación. La propia intensidad de la devaluación genera culpa. La persona siente que se ha excedido, que su pareja "no es tan mala". Vuelve la idealización.
- Vuelta al inicio. El ciclo se reinicia.
Este ciclo puede mantenerse durante años y genera un desgaste enorme en ambas partes. La persona que idealiza y devalúa vive en una montaña rusa emocional que confunde profundamente con intensidad amorosa. La persona que es objeto de ese proceso puede sentirse confundida, rechazada o incapaz de mantener ningún terreno estable.
¿Qué puedes hacer?
Aquí quiero ser directo: este mecanismo no se modifica leyendo un artículo. No porque no seas capaz, sino porque la escisión está instalada a niveles muy profundos del funcionamiento psíquico, y modificarla requiere un trabajo sostenido.
Lo que sí puedes hacer de inmediato es aumentar tu observación del mecanismo cuando ocurre. Algunas preguntas que pueden ayudarte:
Preguntas para observar el mecanismo
- Cuando sientes que tu pareja es "horrible", ¿puedes identificar qué expectativa concreta no ha cumplido?
- ¿Estás respondiendo a algo que hizo, o a la decepción de que no sea perfecta?
- ¿Hay algo en ti que necesita que esta persona sea perfecta? ¿Por qué?
Estas preguntas no resuelven el mecanismo, pero lo hacen más visible. Y hacerlo visible es el primer paso.
Si reconoces este patrón en ti de forma repetida y te genera sufrimiento significativo, el trabajo terapéutico — especialmente desde un enfoque que trabaje con los procesos inconscientes — puede ser de gran utilidad.
Conclusión
La idealización y la devaluación no son una señal de que estés loco, seas inestable o no puedas tener una relación sana. Son la expresión de un mecanismo psicológico muy concreto que se instala temprano y que opera principalmente fuera de la consciencia.
Entenderlo no lo elimina. Pero empieza a aflojarlo.
Daniel Orozco es psicólogo psicoanalítico en Valencia (España) con consulta privada desde 2012. Publica contenido sobre psicología del inconsciente en @daniorozcopsicologo.
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